Llega a Olmeda junto a otros gentes del mundo intelectual relacionados con la Compñía Iberia, en torno a 1965. Sin ser pintor, por su acercamiento al resto del grupo, llegará a serlo, creando su propia realidad estética al margen de todo academicismo. Empieza a exponer en 1980. Ha pintado "como nadie los cielos de la Olmeda".
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